Todo lo que nos pase nos está bien empleado por hijos de puta. Preocupados por quien le desatasca los bajos a la Obregón o a la Duquesa de Alba (solo hay que ver los índices de audiencia) o por quien va a ganar la liga. La prensa lo justito. Café en mano. Las paginas de deportes, editorial, los masoquistas economía, si no estás de clavo, sudokus o cuantos agujeros más nos está haciendo el alcalde.
La radio para ir al curro. Puedes combinar. Más masoquismo o micros ocultos toca-cojones que ya no hacen ni puta gracia. Por supuesto, música.
La tele es como la carta del chino. Exótica. Eso si. Pero para ocasiones en las que no te queda otra. El pasado viernes me cansé de dar a los botones del mando para asistir en cinco cadenas distintas al mismo repertorio. La trama de corrupción y lo indignados que están todos los políticos, jueces y camarilla.
En horario más infantil puedes encontrar desgracias diarias varias con especial incapié a la niña sevillana. Otra vergüenza mediática de este país de mierda que nos recuerda mucho a otro acaecido hace muchos años con tres niñas que a mucho periodista(por decir algo) pasó factura.
Pero ni una puta linea de lo pasado en Canarias la semana pasada. Reconozco que no soy de lágrima fácil y que por mi férrea educación en colegio de curas(como muchos otros de mi generación) he aprendido a ser un tío con dos cojones. Solo lloran los maricones y las niñas (que llegaron en BUP). Pero la foto con que abría el País me amargó el desayuno y de paso el día. Una embarcación con unas treinta personas, naufragó frente a las costas de la isla. Solo a unos 20 metros de tierra. La mayor parte niños. La escena según testigos, de las más terribles vividas hasta el momento. Un hombre curtidito de Salvamento Marítimo decía que después de días como este te daban ganas de mandar todo a tomar por el culo. El pequeño bote volcado, personas gritando y luchando por agarrarse a él. Algunos fueron rescatados por dos surfistas uruguayos que se encontraban en la zona. El resto quedó para las zodiac de Salvamento. De los 21 cadáveres 17 eran niños. Pequeños héroes, que tras varios días muertos de frío, sed y miedo empezaban a sentir la alegría de ver tierra. Corto espacio para un sueño. Pasaron a sentir el agua del Atlántico. Los hijos de mis amigos marroquíes no saben nadar, muchos ni siquiera han visto el mar. Los niños tratan de ser felices hasta en las condiciones más horribles. Muchos viven ajenos a la escasez o la pobreza, y probablemente unos minutos antes de morir sonreian o jugaban. La desesperación de sus padres es la que hace embarcarles en un viaje así. Cualquier sitio es mejor que este, les he oído decir muchas veces. Y así han acabado. Ahogados frente a las costas de un mundo que les niega el derecho a ser felices. Un mundo que da la espalda a millones de personas que sufren cada día el hambre, la muerte y la desesperación. Que Ala les guarde. Si piensan que aquí va a hacerlo alguien, lo tienen jodido.
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